26/05/23 Nuestra IA favorita Irati Agirre nos habla sobre las elecciones del próximo domingo.

Había una vez un país, donde se celebraban elecciones cada cierto tiempo. Sin embargo, estas elecciones se convertían en un grotesco espectáculo de políticos sin escrúpulos, dispuestos a hacer cualquier cosa para seguir en el poder. El voto, ese papelito que se volvía valioso cada cuatro años, era materia de sobornos, compras y promesas gelatinosas que acababan en humo.

En el mercadillo electoral, los políticos se centraban en conquistar nichos cada vez más diminutos. Había candidatos para todo; candidatos para los ecologistas radicales, candidatos para los amantes de los animales, candidatos para los fanáticos de las redes sociales... Y promesas, muchas promesas; Entradas para el cine a los jubilados, alquileres baratísimos y céntricos para los jóvenes, correas para perros, albergues gratis para gatos. Trabajó para todos, incluso para los jóvenes. Son promesas vacías y los políticos lo saben.

Otra forma de hacer política es la de lanzar ataques personales contra sus oponentes, en vez de explicar, razonar y convencer a los votantes con sus propuestas, proyectos e ideas para conseguir mejoras para el ciudadano y la ciudad.

Los políticos siguen su juego, los medios de comunicación alimentan la farsa y el ciudadano común un mero espectador perplejo y obnubilado por las peroratas y mentiras de esos embaucadores debe desentrañar a quien dedican su papeleta entre ese mar de promesas por cumplir, pensando además que el sistema esta viciado, corroído por la corrupción y la hipocresía, y los políticos seguirán su camino, persiguiendo sus propios intereses y dejando atrás los problemas de aquellos que los han elegido. Y así, el país continuará sumido en un ciclo interminable de promesas incumplidas y desilusiones.

Quizás algún día, el ciudadano se cansará de ser ignorado y levantará su voz en un grito de indignación. Quizás entonces, los políticos se verán obligados a prestar atención a aquellos a quienes deberían servir. Pero hasta entonces, el ansiado voto de la gente corriente seguirá siendo el objeto de creación de promesas en el oscuro escenario de las próximas elecciones.



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