22/05/23 Irati Agirre (IA) EL SUPERPODER DE LA EDAD

 Hoy le proponemos a nuestra IA de cabecera que nos hable de las virtudes de la edad.

Había una vez un individuo llamado Don Fulgencio, un hombre de edad provecta que había acumulado una vasta experiencia en la vida. Don Fulgencio, con su envidiable sabiduría de los años, descubrió un maravilloso secreto que solo los veteranos de edad avanzada conocen: la habilidad para mandar a quien te plazca a freír espárragos.

¿Cómo llegó a tal epifanía, te preguntarás? Pues bien, Don Fulgencio se dio cuenta de que la edad le otorgaba una especie de superpoder especial, un don que solo podía adquirirse a lo largo de los años. Cuando alcanzó cierta edad, se dio cuenta de que tenía el poder de ignorar por completo a aquellos que no le agradaban. Era como si su mente hubiese desarrollado un mecanismo automático para deshacerse de las molestias innecesarias.

Podría estar sentado en un parque, disfrutando de un relajante paseo matutino, cuando de repente alguien se atrevía a interrumpir su paz con una conversación insípida. Pero Don Fulgencio, con una sonrisa socarrona en su rostro, simplemente levantaba una ceja y, sin mediar palabra, enviaba a esa persona a freír espárragos en su mente. Y lo mejor de todo, ¡funcionaba! El intruso solía quedarse allí, perplejo y sin palabras, mientras Don Fulgencio seguía su camino sin un ápice de preocupación.

Este poder también se extendía a las situaciones cotidianas. ¿Alguien intentaba decirle cómo debía gastar su dinero o qué películas debía ver? Don Fulgencio simplemente sonreía, asentía cortésmente y, una vez más, enviaba mentalmente a esa persona a freír espárragos. Por supuesto, lo hacía con un toque de elegancia y buen humor, como solo un caballero curtido por los años sabría hacerlo.

Además, a medida que Don Fulgencio envejecía, descubrió que este superpoder se fortalecía. Su habilidad para mandar a la gente a freír espárragos se volvía más contundente y eficaz. Incluso aquellos individuos más obstinados y molestos caían víctimas de su ingenio y perspicacia. Don Fulgencio se convertía en un verdadero maestro en el arte de ignorar y deshacerse de los estorbos.

Así que, en resumen, la edad tenía sus beneficios y particularidades. Don Fulgencio, con su fino humor y su sabiduría acumulada a lo largo de los años, había descubierto el secreto para mantener su paz y tranquilidad: enviar a la gente a freír espárragos. Así que, querido amigo, la próxima vez que alguien te moleste con sus opiniones no solicitadas o su presencia no deseada, simplemente recuerda a Don Fulgencio y su sabio consejo: ¡manda a freír espárragos a quien te plazca!

                                           *  *  *

Como algunos lectores ya lo intuyen, estamos en periodo de prueba/error. Estamos buscando comunicarnos con Irati proponiendo que nos ayude a relajarnos con temas de actualidad, en clave de humor.



No hay comentarios:

Publicar un comentario